Perra desobediente
Viernes, Septiembre 18th, 2009Oigo el relato de los hechos y, sintiendo la ira poseerme, no puedo evitar soltarte un violento bofetón. Caes de espaldas y tu cabeza golpea contra la pared. Quedas tirada e inmóvil en el suelo, lloriqueando. Me has defraudado, sucia perra. Una vez más. Estúpida furcia desobediente. Me has insultado. Incluso en algo tan sencillo e inocente fallaste estrepitosamente. ¿Tan difícil era cumplir tu misión? Simplemente tenías que subir a un autobús, frotar tu vicioso coño penetrado por las bolas (¡que tan generosamente te regalé!), y excitarte con las miradas cargadas de deseo a tu alrededor hasta tener un orgasmo, vivir esa pequeña fantasía y luego venir a contármelo.
Nos habríamos excitado juntos con tus palabras y habríamos follado. Habría chupado tus tiernos pezones, comido el coño de esa manera tan intensa y profunda que tanto te gusta, mamando y chupándote el clítoris hasta hacer correrte gritando de placer, mientras tú me comías el rabo hasta los huevos, poniéndomelo bien duro, para seguidamente haberte taladrado el coño fuerte, cogiéndote desde atrás, como a una perra, de esa manera que tan fuertes y seguidos orgasmos te provoca. Luego me habría corrido sobre tu carita de furcia y visto resbalar sobre ella mi leche mientras tú la empujas con los dedos hacia tu boca para comerla. Pero no. Tú tenías que mamarle la polla al primer puerco que se te puso a tiro. ¡Incluso tragarte su repugnante esperma! Tenías que provocar a todos los tíos a tu alrededor, como la más guarra de todas las putas. Y dejarte follar por todos tus agujeros como la más perra de todas las rameras. En un autobús repleto de gente, un entorno en el que te hubiera sido fácil negarte y obtener ayuda en caso de no haberte podido defender por ti misma.




